Entre rieles y burdeles: trabajo, militancia y sociabilidad entre los jóvenes ferroviarios a comienzos del siglo XX
Florencia D’Uva

En la Argentina de comienzos del siglo anterior, los ferrocarriles reunían a un gran número de trabajadores que se incorporaban en los distintos puestos necesarios para poner en marcha el servicio. Una parte de esta mano de obra se componía de jóvenes ilusionados por aprender un oficio, formarse en una profesión y “hacer carrera”; pero también por luchar por mejores condiciones laborales y divertirse.
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En una entrevista de 1970 el dirigente sindical Luis María Rodríguez recordó sus inicios en el ferrocarril, cuando contaba con apenas 13 años. Según explicó, para poder entrar había tenido que mentir sobre su edad, declarando que tenía 16. Esto era habitual entre los muchachos que aspiraban a trabajar como ferroviarios. Muchos llegaban a las compañías gracias a la recomendación de familiares ya empleados, quienes hacían de nexo e introducían a los jóvenes en el servicio. Se armaba de ese modo una suerte de familia ferrocarrilera. Para los jovencitos pero también para sus familias, ingresar a este mundo laboral significaba la posibilidad de aprender un oficio y, con el tiempo, acceder a un empleo calificado, estable y prestigioso. De hecho, aunque nada estaba garantizado de antemano, numerosos jefes y empleados de alto rango habían una vez iniciado sus trayectorias como modestos aprendices, sirviendo eso como ejemplo de ascenso profesional en la carrera laboral ferroviaria.
Las difíciles condiciones de trabajo de los jóvenes ferroviarios dieron origen a quejas y conflictos. En las disputas por obligaciones y derechos en el mundo del riel, habrían de intervenir trabajadores, sindicatos, empresarios y autoridades del gobierno. En los primeros años del siglo XX, antes de que se sancionaran reglamentos y escalafones de trabajo, era común que los menores que se iniciaban en la atención de las barreras o en las estaciones no recibieran salario. Los que cobraban eran generalmente aprendices en los talleres y galpones de locomotoras. Sin embargo, incluso sus remuneraciones eran muy inferiores a las de los obreros adultos calificados. Además, los jóvenes estaban especialmente expuestos a los riesgos de la profesión: las empresas solían colocar a menores sin experiencia ni capacitación en puestos peligrosos que exigían responsabilidad y formación. Las organizaciones sindicales, como La Fraternidad o la Federación Obrera Ferrocarrilera, condenaron esta práctica.

Es imposible conocer qué pensaban y sentían esos jóvenes de principios del siglo XX. Sin embargo, sus reclamos y problemáticas debieron de quedar desdibujados al integrarse en las demandas generales del mundo obrero. Algunos testimonios permiten conocer sus inquietudes e intereses, así como su participación en las luchas. Cruz Escribano, un trabajador proveniente de una familia ferroviaria de Tafí Viejo, en Tucumán, habría de recordar las huelgas en los talleres de la localidad a mediados de 1917. Los trabajadores con mayor capacitación y experiencia habían quedado a cargo de redactar el pliego de condiciones. Por ello soló se habían contemplado algunas problemáticas. Según el relato de Escribano, la intervención en una asamblea obrera de un muchacho de unos 15 o 16 años provocó gran conmoción. El joven destacaba su sentimiento de extrañeza y dolor porque el pliego no incluía a los aprendices, todos menores de 18 años que también tenían derecho a mejores condiciones salariales y de trabajo. Su planteo, en palabras de Escribano, fue tan lógico e indiscutible que en ese mismo momento se hicieron los agregados y se rectificó el petitorio.
Las experiencias de los jóvenes ferroviarios no se limitaban al trabajo ni a la protesta. Sus prácticas de sociabilidad serían cruciales para su formación laboral y su paso a la adultez. Los sindicatos ferroviarios ofrecían ámbitos de encuentro, integración y pertenencia de los que participaban los trabajadores, y en ocasiones, también sus familiares, vecinos y amigos. Mediante asambleas, conferencias, cursos y festejos, se fomentaban lazos de compañerismo y solidaridad, buscando atraer a los más jóvenes y transmitir sus ideales políticos. Estos eventos, especialmente en las localidades más pequeñas, representaban una oportunidad vital para la diversión, el esparcimiento e incluso el cortejo. De todas formas, estas actividades de participación gremial eran sólo unas de las posibilidades de socialización para los jóvenes. Solían también juntarse en fondas, tabernas, burdeles y clubes deportivos para pasar su tiempo libre.

El juego, la bebida y el consumo de prostitución formaban parte de una sociabilidad masculina desarrollada fuera del hogar y de los locales sindicales. Pese a que estas prácticas no eran exclusivas de los jóvenes obreros ferroviarios, ellos solían ser el blanco de críticas gremiales, acusados por sus “vicios” y su “frivolidad”. En contraste con el ideal sindical del “buen ferroviario”, la presión de los pares varones podía llevar a muchos jóvenes a frecuentar estos lugares. Florindo Moretti, otro trabajador ferroviario, recordaba que el burdel era una cita obligada para la juventud, y que negarse a participar de estas experiencias podía equivaler a aislarse del grupo.
Poner nuestra atención en la vida de los jóvenes obreros ferroviarios nos permite conocer la diversidad de experiencias producidas en este sector a principios del siglo XX. Las diferencias de edad y de género definían jerarquías y arreglos laborales específicos. Muchos jóvenes trabajaban sin sueldo o dentro de un núcleo familiar, donde sólo el adulto con puesto laboral formal percibía un salario. Se vuelven visibles así también las tensiones entre generaciones y cómo, a pesar de las dificultades, los jóvenes encontraron formas de hacer oír sus necesidades y demandas. Finalmente, las diferencias entre los ideales sindicales y las formas de sociabilidad juvenil revelan una identidad obrera compleja, donde las costumbres culturales podían convivir con el compromiso gremial.
Imágenes:
⦁ Personal de la estación Rafaela del Ferrocarril Central Argentino. Revista del Ferrocarril Central Argentino, Buenos Aires, junio de 1915.
⦁ Festejo del sindicato de personal de locomotoras La Fraternidad, celebrado en 1915 en la sección Recreo del Ferrocarril Central Córdoba con motivo del aniversario gremial. La Fraternidad, Buenos Aires,15 de agosto de 1915.
Material recomendado
D’UVA, F. “Juventud y mundos del trabajo: el caso de los ferroviarios en la Argentina de comienzos del siglo XX”. Anuario de la Escuela de Historia Virtual, N° 24, 2023.
ESCRIBANO, Cruz, Mis Recuerdos: Acontecimientos del gremio ferroviario Tafi Viejo 1917 – Cruz del Eje 1919 Presos de Bragado – “La Ilicita” y otros recuerdos. Buenos Aires, Cooperativa Gráfica General Belgrano, 1982.
LOZZA, Arturo Marcos, Tiempo de huelgas. Los apasionados relatos del campesino y ferroviario Florindo Moretti sobre aquellas épocas de fundaciones, luchas y serenatas. Buenos Aires, Anteo, 1985
Entrevista a Luis María Rodríguez por Leandro Gutiérrez, 28/12/1970, Proyecto de Historia Oral del Instituto Torcuato Di Tella.

